
Me llamo Guillem Guasch y, de momento, vivo en Barcelona.
Esto empezó cuando los vinilos me llamaban más la atención que hacer los deberes. Tardé años en entender por qué tantas canciones hablaban de desamor con una melodía que invitaba a bailar. Nadie me lo explicó nunca.
Aquellas tardes escuchando miles de canciones y leyendo sus letras educaron mi manera de ver la vida. Y con el tiempo, sigo pensando lo mismo que entonces: si sobre el dolor se puede bailar, ya hay mucho ganado.
Ahora escucho una canción muchas más veces de las razonables, hasta que una frase se separa un poco del resto y se queda sola. Esa frase manda sobre todo lo que viene después. A partir de ahí busco imágenes, recorto grabados, los pego, pruebo colores hasta que uno deja de discutir con los otros, para luego pasarme horas eligiendo las tipografías.
Me interesan las cosas que están a punto de desaparecer cuando uno empieza a mirarlas de verdad. Quizá por eso siempre hago collages sobre lo mismo, pero nunca de la misma forma. Hacer estos pósters es intentar que algo se quede quieto y a la vez parezca que pueda moverse en cualquier momento.
Además de todo esto, a veces escribo. Lo que no cabe en un póster termina en Substack, donde cuento una historia inspirada en cada canción.
Hace poco terminé mi primera novela. Ahora estoy intentando decidir qué hacer con ella.
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Contesto de verdad. Me gusta mucho que me escriban.